Mostrando entradas con la etiqueta crónicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta crónicas. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de junio de 2011

Crónica: El Primavera Sound y la difícil tarea de explicar lo que pasó

MIÉRCOLES: La organización, las ideas, y la decepción

Primer día de festival para Prozac. La organización de este año nos obliga a comprar mediante el uso de la tarjeta electrónica del festival, previa vinculación con la propia tarjeta de crédito o débito, con todas las suspicacias que esta medida puede levantar, y que comienza a verse desarticulada en su primer día de funcionamiento. Sin duda la peor idea que ha tenido la organización en todas las ediciones del festival.

Todo esto sumado a la brillante idea de poner a un grupo como Echo and the bunnymen el miércoles, en un recinto de aforo limitado. Los desastres se suceden. Para que la aventura sea mayor, un sólo váter para miles de personas nos obliga a buscar solución en unos arbustos del exterior, y a la vuelta, cómo el aforo está completo, nos perdemos parte de la actuación del grupo de Liverpool. Malditos organizadores sin corazón y sin policlines. Nos ponemos nerviosos. En Prozac comienzan las hostias. La amistad se rompe.



Por lo que pude ver del concierto al conseguir entrar, casi todo se centró en su primer trabajo
Cocodriles, un concierto de aprobado justo en el que no tocaron The Killing Moon. Tal vez sea un suspenso.



Antes nos perdíamos a las japonesas Nisennenmondai, a las que más ganas teníamos de ver. A las que si que vimos fue a Las Robertas. Un concierto desdibujado, con un sonido lamentable, y un público ajeno a todo. Sentado y desmotivado en su mayoría.

Lo único salvable el concierto que cerró la noche Caribou, proyecto del canadiense
Dan Snaith, curioso personaje, matemático y músico.



Cerraban la noche con un buen concierto. Su sonido, de discoteca marciana y banda sonora de cine erótico puso la primera buena sensación en el cuerpo. Down tempo, si es que eso significa lo que creo. Indie electrónico, para abarcar más. Los únicos que me motivaron. No habíamos ni empezado con la edición de este año y ya me sabía a poco. Sin ir más lejos, lo que más me logró atraer, quien más me entretuvo, fue esto:



JUEVES: El tiempo, la fantasía y el éxtasis.

En el metro de Barcelona comienza un baile sangriento entre el tiempo y el deseo. Nuestras intenciones de ver a Islet sufren cada vez más frente a los envites del filo del destino y de las varillas del reloj, es el tiempo quien estruja segundo a segundo en el metro a los muchos que pretendemos llegar al útero del festival, cómo espermatozoides atajando vía subterráneo y atrapados en las paredes uterinas. Fallido el plan de los seres colicolgantes, mala gestión del tiempo, y éste triunfante convirtiendo en estatua de arena y pasado el concierto ansiado. Primer momento de derrota asistencial por parte de prozac a uno de los tantos conciertos que nos perderemos en estas fechas. O eso pensábamos nosotros.


Cabalgando ya las praderas, huidizo el tiempo entre la costa y el recinto, brisas de entusiasmo. Emborrachada ya la lucidez y camino de embriagar hasta el cogote, atisbamos ese techo bombeado: escenario ATP. Finalmente Prozac desencaja el tiempo, su alegría es motor del mundo. Ver a
Islet es posible, por lo menos un par de canciones, menos tiempo nos dará el destino las próximas noches. Muchedumbre que se empuja, y no importa el público, no hay desparrame y codazos más llamativos que los del grupo británico. Imbuidos en locura, en placer por lo que hacen, la gamberrada como baile, la diversión como lectura, percusiones que desangran sintes y cuyos prolíficos engendros suenan a fiesta de nuevo punk, a mucho moderneo, a mucho alochol, a buenas ideas o diferentes, y a mucha fiesta.

Una pendiente cuesta abajo, suave como hierba húmeda, fresca y lentamente densa, profunda, con guitarras gimiendo. Comienzan los acordes de Moon Duo.



Ya los había visto en el On the Sea de Valencia (dicen que este año habrá segunda edición, esperemos que la organización esté un poco más lúcida). Esta vez vuelvo,
Moon duo lo merecen. Pero las medusas esta vez no abrazan, escupen voltios que se escapan en el aire sin lograr atrapar nuestros cometas. Y nos vamos de allí, hacia otro oceáno de lava fría, o templada, o yo que sé.

Perros de melodías blancas y azules. Barcos navegando en un espacio negro. Blank dogs pintando sonidos de los ochenta, el público acariciando esas pinceladas de pasado, pero sabiendo que apenas se nota el relieve en la pintura. Lánguido disfrute en la primera de las tardes. Los ochenta se alejaban poco a poco, antes incluso de que acabase el concierto. Logramos dilatarlo un poco más. El festival empieza.



Y entonces un azul éxtasis lo inunda todo. Desvarío, navegamos barcos en el cielo, la confusión explota, el vendaval se lo lleva todo. Mientras tanto batallas propias y ajenas, frente a miles de ojos.
Of Montreal, the Walkmen... todos demasiado pequeños para llamar la atención de un monstruo tambaleante y que comienza a esparcir su mente por un lienzo de multitud y confusión, de oscuridad y vatios, de estallido y guerra. Valencia se hace así. Voz de Dios. En el terremoto nuestras cabezas idean barbaries para nuestros cuerpos. Saboreamos el suelo. Saboreamos el cielo. Nos devoramos por dentro olvidando aquello. Lo ajeno. Lo real.



Súbitamente, como un jarro de agua helada, Nick Cave consigue hacernos volver. Es lo que tiene llevar bigote. No hay épica sin bigotes. No hay leyendas homéricas ajenas a ellos. Y esto es rock señores y señoras. Los sueños revientan contra el rock & roll sintetizado. Su banda Grinderman, da hostias. Hostias bien dadas. Si mi cabeza no hubiese sido en ese momento un enorme laboratorio de alquimia habría podido disfrutarlo más. Pero el cerebro, a esas alturas, había dejado paso al abrazo extasiado del todo, aquí, ahora y cómo sea. Mucha mierda. Suficiente para cometer errores, para no enterarme, para no darme cuenta de que
Nick Cave, no llevaba bigote.



Lo siguiente es cruzar puertas. La habitación que se abre frente a nosotros parece ávatar. Los colores laten y las luces silban. Grandes burbujas flotan sobre nosotros, manoplas gigantes se mueven al compas de duendes danzantes y de otras criaturas de psicodélicos gestos y formas curiosas. Y miles de personas gritan, los brazos son un mar picado, los pies látigos del baile, el éxtasis convierte a la masa en un organismo multicelular, desde el cielo una multitud que late y que gime, color. Caigo en la cuenta de que estoy en un concierto de Flaming Lips.



Y casi de imediato Factory Floor, una bomba de electrónica directa a la inconsciencia.



Casi apenas recuerdo nada. Un desembarco con bombas estallando por todos lados. Una estampida de dinosaurios drogados. Un crisol de hormigueos y espasmos. Me abandono. La noche tiene millones de colores. Y todos bailan.

VIERNES: Batallas, vencidos y Morfeo

Cuando me despierto sentado en la terraza de un bar, con un quinto en la mano, no recuerdo nada. Algún concierto. Algo de magia y mucho caos. Llevo puesta un camiseta extraña, en mi armario no hay prendas de este tipo. Mientras dormía se han reído de mi. Me han puesto una tarjeta en la boca y me han metido un puro en las gafas. Pido gracias a dios. Bebo de mi quinto. Fumo.

Siempre he creido que la segunda jornada de un festival siempre es la más dura. Y así sería. Los espíritus del sueño andaban cerca y el empeorado estado mental de nuestros cerebros no dejaba lugar al despiste. Pero entonces vas... y te despistas. Conseguimos ver a The monochrome Set en el escenario Ray Ban.Rock & roll, sonidos de siempre. Correcto sin más. Y siendo así el cansancio empieza a ganar terreno. Por las colinas bajan los vástagos del sueño y no hay manera de detenerlos. Pero hoy no voy a morir sentado. Esquivo los envites del almívar de Belle & Sebastian manteniéndome a distancia. Sus melodías bonitas, de granja rosa y vacas azul cielo me dan ganas de dejarme flequillo y abrazar peluches. El cansancio se hace grande. Huyo de allí.

Huímos hacia la victoria. Nuestra próxima parada,
Shellac. Steve Albini, Bob Weston y Todd Trainer ofrecen un descomunal concierto. Una auténtica ametralladora de batería, guitarra y bajo. Rock y hardcore. Han tocado muchos años en el Primavera. Que vuelvan siempre.



Pero Morfeo es malvado y sus hilos llegan muy lejos. Sin saberlo somos conducidos a su propio vientre, sus brazos nos empujan como a ganado dormido hasta sus fauces. He leído en alguna crónica que fue un concierto asombroso. Para nosotros acabar escuchando el lento latir de salmodias, el segundo día de festival, fue como abrazar a la muerte. Low dilataban nuestro cansancio con su sonido lento. Nuestros chamanes se rendían frente al sueño, nuestras fosas se veían colapsadas e inutilizadas, el frío ganaba terreno. Conseguimos huir sin casi apenas fuerzas. El miedo nubla nuestros sentidos y en la huída nuestra amistad se rompe, no hay comprensión, no hay coraje, no hermandad, sólo cobarde retirada. Unos por un sitio y otros por otro nos abandonamos a la suerte dividiendo nuestras opciones. En mi grupo el valor cae poco a poco. No hay refugio. Morfeo me abraza despacio. Sólo queda morir. Quince minutos de dulce inconsciencia. De descanso gélido. Incluso en las batallas de los Dioses, la muerte se considera un breve descanso antes de volver a hincar el cuchillo en un nuevo enemigo. Despierto de nuevo.

Tras la resurrección el terror me invade. Un frío de ultratumba cala mis huesos, me tambaleo por el recinto. Un mar de cabezas y brazos complica la recuperación. Finalmente algo me mueve hacia las trincheras del rock, último bastión a salvo de la destrucción interna y por el contrario un lugar entregado a la destrucción externa y colectiva: the Battles. Cómo si me hubiese esnifado cuatro litros de insulina los dolores desaparecen, todavía hay tiempo para más. Músicos convertidos en máquinas. Todo el mundo se queda con ganas de bailar Atlas. Es lo que tiene cagar un buen día un hit cómo ese. Por suerte en el Fib, hace ya algunos años, yo ya lo había bailado. No importa. Conciertazo. De los mejores de este año.



Sin darme cuenta, abatido a ratos y sin apenas fuerzas, herido y recuperado he superado la segunda noche de conciertos. Me marcho pero antes de irme recibo un mensaje. Es de un americano que conocí ayer. Dice algo de una camiseta. Entonces comienzo a recordar. Levemente. Miro las fotos de mi cámara y encuentro esto:



El recuerdo viene a mi como una patada. Es un americano que vive en Valencia desde hace unos meses. Ayer por la noche nos vimos, hablamos y nos cambiamos las camisetas. Cómo consecuencia, ahora somos "hermanos de camiseta". Pues nada. Tengo un nuevo amigo. Y me gusta mi camiseta. O no.


SÁBADO: Resurrección, conclusiones y fin.

Cuando llego al recinto tengo tiempo de sobra hasta que empiece
Soft Moon, o eso creo yo antes de saber que toca en el escenario Llevant. Cuando caigo en la cuenta de que ese es el escenario que está a tomar por culo, es cuando empiezo a pensar de nuevo en la organización del primavera sound de este año. No sé cuanta distancia había entre ese escenario y el resto pero puede que dos o tres kilómetros cómo poco.

Soft Moon. 17.30 de la tarde. Podría jugarme mis ojos con un orco a que el que los programó a estas horas no se ha parado ni tan siquiera a escuchar su disco The soft moon. Que fuese uno de los grupos que se incorporó al cartel tras pedirlo numeroso público en los foros del primavera no sirvió para que le concediesen un horario mejor, con un ambiente nocturno, y sin lugar a dudas mucho más propicio para su música. Si esto no es música para bailar bajo los efectos de algún que otro depresivo y alguna que otra anfetamina yo estoy loco, o me enferma la cordura, vayan ustedes a saber.

Para colmo, habiendo visto media hora tuve que irme. Soft moon era uno de los conciertos que no me quería perder por nada.. ni un solo minuto, sólo un grupo podía hacerme irme de allí antes de que acabase. La débil, un grupo de Madrid, amigos de Prozac, y uno de los mejores grupos españoles que conozco. Suena a amiguismo, pero pueden juzgar ustedes mismos escuchando su primera maqueta
Suicidio español, y su disco Lucha Perro. O asistiendo a uno de sus abrasivos conciertos. Así que allí me planté.



No fue su mejor concierto, tal vez un poco cohibidos por el contexto, pero da igual. Su música es personalidad pura y dura. Su rock psicodélico es de lo mejor que se puede ver en un escenario en lengua castellana. Su inteligencia es castiza, su cultura va ciega, su personalidad se come el escenario. Son grandes. Tocaron sobretodo temas de su disco. Algunos guiris pasaban y se quedaban. “This´s cool!!” Decían. “Pues claro guy. You don´t know well man”. Pensaba yo en ingles avanzado. Se abrazaron cuando terminaron, disfrutaron su momento. Y se fueron sin tocar “Madre”. Un hit de los pies a la cabeza. Porque no. Porque no hacía falta. Porque no les salía de los huevos. Porque son la Débil.

Luego algo de Za! En el Ray-Ban unplugged. Escenario pequeño. Sonido peleon. Y un conciertazo de arriba abajo. Diferente a lo que hacen estos catalanes en un escenario grande. Potentes cómo siempre. Descarrilando el sonido. Ruideando la música. Bizarreando el rock. El sol se comenzaba a ir y en la cabeza vahídos y lento trascurrir. Y conciertazo a unos metros de los músicos. Hostias como panes.

Einstürzende Neubauten mantuvieron el clima de desastre mental. Jugando con sus cacharros el descarrilamiento se mostraba hermoso. Ruido de metales, música industrial cabalgando con caballos de hojalata hacia un muro de distorsión.
The garden avisaba del hundimiento de un trasatlántico arrugándose por la presión de un océano de máquinas y hierros. Nuestro barco se hundía como se hunden los grandes. Tornillos, sierras, tuercas latiendo y crujiendo en el recinto del Fórum.



Entonces llega ella. En las críticas y crónicas de todos los medios se le cubrirá de alabanzas que elogiarán su trayectoria, su progreso, su música y sus directos. En todos menos en Prozac. Pj Harvey aparece vestida de blanco, rodeada por miles de personas, y cierto es que tiene cierta aura, pero el concierto se nos hace pesado, aburrido. Me casaría con ella, parece un ángel. Pero ese no es el tema. Hoy noto que su influjo es débil, su concierto suave, insuficiente para un tercer día de festival y para un público que hubiese preferido canciones más contundentes.

Y al parpadear caigo. Rondan las últimas fuerzas mi cerebro. Necesito rock. Davila 666.



Llegamos e inmediatamente desaparece el dolor. Bailamos como posesos Parece que estemos en el Funtastic destruyendo nuestros gemelos a base de rock & roll, garaje y todas esas cosas grasientas que tanto nos gustan. Diversión. Alegría Que bien un poco de rock garaje para espolsarnos el modernor primaveral. Hemos recuperado el mojo
/möllo/. Aunque no tardaremos mucho en perderlo de nuevo.

Y de nuevo el vicio. Comienza el organismo a expandirse. Es poca la sustancia, pero suficiente el viaje. Prince Rama hipnotizan a la audiencia. Con un sonido tribal, como de eterno sueño opiácido, cómo elevándose por todos los pueblos del mundo, por los océanos. La percusión parece mal tocada, pero no: es la hostia. No conozco a nadie que toque la batería así. Raro de cojones. Primitivo y moderno. La voz de
Taraka Larson hace el resto. Parecemos heroinómanos disfrutando de un viaje a ningún sitio, o a todos ellos.



De nuevo los horarios juegan en contra. Comienza Jon Spencer Blues Explosion en el ATP. Vamos hacia allí. Y entonces otra vez rock. Del bueno no, del mejor. Y a pesar de que mi mente sigue un poco ahí pero donde, viajando con la música de Prince Rama, el señor Jon se marca un conciertazo y despotrica, se luce. Grande en clásicos cómo She Said y en Bellbottoms. Inmenso en casi la totalidad del concierto. Abundante gente se acerco para vivirlo. Parece mentira Jon, han pasado años desde tú actuación en el FRA. Yo he cambiado mucho. Tú sigues siendo grande.



Y continúa este debacle de máscaras y disfraces. Por ver algo vamos a ver a Animal Collective. Dista mucho el grupo de sus primeros álbumes, Sung Tones y Feels por ejemplo, o de cuando los vimos algunos hace tiempo en el Fib del 2007. Interesante a ratos y muy experimental en su mayor parte. Un concierto de esos en los que te acabas enfangando en una música que parece demasiado barroca para el disfrute. Si Tarántulas Pentium hubiese escrito esta crónica hubiese sido más incisivo y ofensivo que yo. De hecho me ha pedido que os transmita su odio por los actuales
Animal Collective. Tranquilo Tarántulas. Hecho está.

Después sólo queda bailar cómo todos los años con
dj coco, sin opciones de acercarnos a DJ Shadow, una pena. Y tras una hora de bailes y desastres salimos del recinto. Mr. Perfumme camina en dirección contraria al tumulto que sale hacia la calle. Parece un demente. Sus pantalones cortados a tiras en algún momento de absurdo desmadre, los brazos por dentro de la camiseta intentando evitar el frío, vomitado día tras día, nunca lavado, siempre ciego. Conseguimos que, algo desorientado, nos siga a un bar. Tremendo final. Terrorífica imagen.

Sigilo Nipples

miércoles, 20 de octubre de 2010

Crónica del Funtastic Drácula Carnival: El mejor festival de España


La sala Ku Disco de Benidorm

Voy a empezar alardeando de mi verdad. De subjetivismo extremo vamos, pero no por ello exento de razón. El Funtastic Drácula Carnival es el mejor festival de España ¿Motivos? Vamos a ver porque esta es una de esas crónicas que debido a lo extremo y vertiginoso de la experiencia resulta difícil explicar.

En primer lugar aclarar que no hablo sólo de la música. Considero que en festivales como el Primavera Sound, por ejemplo, hay mucha más variedad musical. Sin embargo en el Funtastic Drácula Carnival más o menos todo queda dentro de la familia waterniana del garaje, el punk, el rock y el surf, con sus matices claro está. Entonces no hablo sólo de la música. Hablo de algo más. Me refiero a que es el mejor Festival. Juzguemos entonces lo que digo a partir del significado de esta palabra. Festival proviene del adjetivo festivo, que según la RAE en una de sus acepciones significa "Regocijo dispuesto para que el pueblo se recree". Vale. Pues me ratifico. El Funtastic es el mejor festival de España. Y ahora voy al tajo y os explico por qué.

Lo primero es que se celebra en Benidorm. Y nos guste o no Benidorm es el sitio más bizarro, divertido, y cogido por los pelos que hay en todas las costas de nuestro país. La ciudad de Benidorm es un infierno y un paraíso, y esa dualidad la hace única. Símbolo de la especulación, ese otro festival, el del ladrillo, en el que se emborrachan de poder los políticos más grotescos. Un lugar proyectado hacia el mundo, potenciando el turismo masivo de mujeres y hombres gamboides y con más pasta que el señor Buitoni. Esto, que hace que sea un lugar bastante peligroso o desagradable para vivir allí todo el año hace de él un lugar extremadamente divertido para caer por allí con el maletín lleno hasta los topes y la cordura escondida en el maletero del coche. Nuestrlo Las Vegas particular, vaya. Vean sino uno de los espectáculos de Sticky Vicky (Vicky Pegajosa), la famosa mujer de 65 años que demuestra cada noche en Benidorm, desde hace años, las propiedades mágicas de una vagina, o contemplen sus múltiples maravillas en Benidorm: sinfonía de una ciudad del artista conceptual valenciano Rocco.


Atendiendo al apartado musical, gracias a este festival hemos podido ver a grupos que rara vez tocan en otros festivales que se celebran aquí. No entiendo como no habíamos tenido ocasión de ver antes a Man or Astroman? que se montaron un concierto de cojones. O a Trashmen a los que trajo la organización del Funtastic Drácula Carnival hace unos años. Además no te arriesgas cuando compras la entrada. Grupos y más grupos para bailar rock sin complejos.


Man or Astroman y las bailarinas del festival

Siguiendo con los motivos de mi radical opinión el ambiente es increíble. 800 personas, ni una más ni una menos, para que la cosa quede en familia. Gente con ganas de bailar, gente con ganas de fiesta. Gente en definitiva que sólo quiere disfrutar de la música y del rock de una manera diferente a cómo se disfruta en macrofestivales.

Todo eso por no hablar de las fiestas gratis que ofrece el festival, con sesiones y conciertos de rock en primera línea de playa, para amenizar esas noches que se alargan y clarean hasta convertirse en días que languidecen y oscurecen, y que se convierten de nuevo en noches que enferman y se excitan hasta transformarse por última vez, y en un bucle de mutaciones día-noche, con una frialdad sin complejos, en un puente de octubre sin dormir. Y eso se agradece. Porque si no ¿dónde demonios nos metíamos los zombies del rock?

Todo esto sumado a los precios de las consumiciones a un precio razonable, algo poco común hoy en día. Y a los seguridades del recinto, que en las pocas ocasiones que pudieron demostrar sobre mi cuerpo sus horas de gimnasio optaron por volcar mi botella de whisky en un vaso de plástico y ofrecérmelo con amables palabras y consejos para un futuro a corto plazo y el buen transcurrir del festival en general y del mío propio. Esa gente se merece el cielo. Nunca antes había aprendido tanto del seguridad de una discoteca. La cosa marchaba bien.

Pero esperen. Continúo. Chicas que bailan con poca ropa con muchos de los grupos que tocan. ¡Toma motivo! No sé a vosotros pero a mí eso me encanta. Y no sólo porque sean chicas, que también, sino porque son ¡chicas bailando! Y además muy bien. Chapó. La organización y todo su séquito de colaboradores, que todos los años rompen la fría barrera entre organización y público para convertirse en uno más y disfrutar con la gente de la fiesta, también hacen de este festival algo especial.

Y por último. En plena gota fría. El clima. En Benidorm siempre hace sol. Siempre. Y eso se agradece cuando tus ojos han engullido horas de oscuridad y rock en una discoteca.

Y qué se yo. Podría seguir dando motivos. Pero me parece que han captado ya la filosofía del festival. Festival que por otro lado ya no podremos disfrutar, ya que la de este año era la última edición. Esperemos que los organizadores preparen algo nuevo para el año que viene. Mientras tanto este último Funtastic va a tardar en borrarse de la retina del recuerdo de muchos de los que estuvimos allí. Y ahora os explico el por qué musical del asunto.

Sábado 9 Octubre

The kings of Makaha. Unos desconocidos para el que aquí escribe. Pero es lo bueno que tiene este festival. Lo mejor del rock y el garaje internacional estaba en la discoteca Ku Disco de Benidorm. Empezaba la sesión de bailes y la locura se mascaba en el ambiente.

The imperial surfers. Más de lo mismo. Rock & roll del bueno. Uniformados y eficaces. Rock & roll de fiesta de fin de curso, música de descapotable y playa. Y nuestros gemelos empezaban a resentirse ya de tanto swing.


The imperial surfers

Lord Rochester. Rock & Roll primitivo. Algunos dicen que recogiendo el espíritu de Bob Diddley. Creo que la comparación se les queda grande. Aún así nada que objetar. Buen concierto, chaquetas elegantes y el legendario Russ Wilkins a la guitarra y a la voz para recordarnos que en Escocia también se baila rock and roll.

Minnesota Voodoo Man. Los japoneses formados en Tachikawa, cerca de Fussa ( la capital del garage de Japón) rockearon como malditos. Con su cara de estar flipando y descojonados todo el rato. Rabiosos, rockeros, locos a ratos, con energía siempre, y subida de uno de ellos al trust de las luces incluida, boca abajo y con la guitarra. Lo había visto en algún vídeo y no se iban a ir sin enseñárnoslo. Gran concierto. Y se quedaron todo el fin de semana. Integrados completamente en el festival, hablando con la gente, divirtiéndose como se divierten los japoneses en Benidorm.


Minnesota Voodoo Men

Mr. Quintron and Miss Pussycat. Otro de los triunfadores. Un loco del rock. Es profesor de ciencia en un instituto de Nueva Orleans. En esa ciudad conoció a su mujer Panacea Theriac, alias Miss Pussycat, en el bar que ésta regentaba. Se enamoraron perdidamente, tanto que ella cerró su local y se fue de gira con él, hicieron una parada en Las Vegas y se casaron. Así fusionaron su show. Y después del concierto que se marcó el profesor Quintron entiendo porque se enamoraron. Su concierto fue la hostia. Su cuerpo estaba poseído por su propio boogie. El rock le caía en forma de sudor. Espectacular dando brincos en su banqueta y aporreando su hammond. Increíble con su Drum Buddy (cacharro de invención propia al que os recomiendo que echéis un vistazo. También podéis leer un interesante artículo sobre él de Tarántulas Pentium en http://prozacparaelpopespanol.blogspot.com/2010/10/mr-quintron-miss-pussycat.html) echando humo y generando sonidos electrónicos, y cantando un rock&roll propio de un tubo de ensayo de un científico loco de dibujos animados. Y es que eso es lo que es. Y Pussycat le seguía el ritmo. Con sus bailes, sus marionetas, sus maracas y un dulce encanto de doncella del garaje punk electrónico con mucho boogie. Si te encuentras con Mr. Quintron un día en la calle, al salir de una discoteca, dale un casio y llévatelo a casa. Te aseguro que los afters serían mucho mejores con Quintron y su esposa amenizando las jornadas.


Para que se hagan una idea:


Mr. Quintron and Miss Pussy Cat

Man or astro-man?


Man or Astroman

Y por fin, ellos. Los extraterrestres del surf. Brutales. El mejor concierto del festival sin lugar a dudas. Potencia. Energía que salía de la discoteca Ku Disco como megatones de furia eléctrica. Naves espaciales con el surf sonando por sus equipos de sonido a toda hostia. Cósmicamente apabullantes. El concierto era una contundente ametralladora de guitarras. La música convertida en líquido y en sólido, en grumos explosivos. Candela. Boom. Catacracks. Meteoritos y olas de 500 pies de altura. Chirridos. Rayos. Astronautas. Surf de alta escuela. Rock apoteósico. Ver a Brian Causey tocar la guitarra es un lujazo. Y el bajista Robert del Bueno tocando tiene un rollo que no se lo cree. Sexiestrambótico. Esquizoalucinante. Desproporcionados. Colgando teclados de computadora a su cuerpo, experimentando con sonidos de surf terrorífico y maniobrando tsunamis de reverb estos alienígenas nos dejaron alucinados. Este año he visto conciertos increíbles. Y este ha sido uno de ellos. A pocos metros del escenario. Y con las 800 personas del festival flipando y bailando como locos. O por lo menos esa fue mi impresión. Que vuelvan ya.

Aquí os dejo un vídeo



Directo de Man or Astroman

Domingo 10 Octubre

Los explosivos. Uno de los mejores grupos mexicanos de garaje rock. Rock & roll de pantalón de pitillo y chupas de cuero para comenzar a entrenar las caderas en una nueva jornada de conciertos. No eran cabezas de cartel pero el concierto provocó a ratos cierta locura en los asistentes. Es lo que tiene el garaje bien hecho.

Los peyotes. Gran concierto. Garaje rock a destajo desde Sudamérica. Buen show. Los instintos trogloditas del público comenzaban a dejarse ver. Sobre el escenario tremolo y vibrato percutiendo los cerebros de los que andábamos por allí.

Davila 666. Sinceramente no los recuerdo bien. Aunque sé que baile, que miré bailar a las chicas, que busqué mi petaca, que coreé sin conocerla alguna canción. Qué se yo. Aquello ya era una bacanal de rock & roll y mis piernas estaban poseídas por algún tipo de cabra montesa bastante pasadita. Por todo ello otro buen concierto a las espaldas.

Wau y los arrrghs!!! No sé cuantas veces los he visto este año. Pero sus conciertos siempre están a la altura de cualquier evento. Lo he dicho muchas veces. Uno de los mejores grupos españoles. Con Juanito Wau a la cabeza esgrimiendo ese registro vocal único que parece una grasienta rueda de moto derrapando sobre un gato. Grandes como casi siempre.


Los saicos. Joder. Que entrañables. Me pasé todo el concierto con ganas de abrazarles. Se equivocaban. Entre canción y canción te daba tiempo a morirte, renacer, crecer hasta cumplir 18 años otra vez, comprarte la entrada del Funtastic, entrar en la discoteca Ku Disco de Benidorm y ver la siguiente canción de su show. Sus voces se ahogaban en ocasiones, eso cuando no se equivocaban y se quedaban mirándose los unos a otros como tiernos abuelitos desorientados. Y aún así geniales. Para llevar más de cuarenta años sin tocar me sorprendieron. La verdad es que me lo esperaba peor. Y no es que el concierto fuera gran cosa. Pero yo disfruté como un oso haciendo el amor con una sirena de miel. Momento increíblemente tierno cuando tocaron “Ana”. Repitieron “Demolición” a petición del público. La hicieron más corta porque como dijo Erwin Flores, cantante, si seguían tocando tendríamos que sacarles del escenario en camilla. No importa. Eran Los Saicos. Descansen y gracias.


Los Saicos

Rolando Bruno y su orquesta midi. Siento deciros que a estos me los perdí. Supongo que mi cuerpo había empezado a fundirse con la pasta líquida que comenzaba a ser mi cerebro. Mis piernas ardían como Pompeya después de tanto baile y desparrame y supongo, que en ese momento, un instinto de supervivencia me hizo reservar parte de mis fuerzas en algún rincón de la discoteca. De todas formas por los comentarios que llegaron a mis oídos tuvo que ser un buen concierto. Salsa-merengue-rock, o algo así. Todo con el característico sonido de la tecnología midi. La próxima vez no se me escapa.

Y esto fue todo. No me pude quedar a la fiesta de clausura. Tal vez un símbolo, o eso quiero creer yo, de que esto no ha terminado, de que el Funtastic Drácula Carnival no ha dicho su última palabra. Y eso espero. Porque como os he repetido constantemente. Este es el mejor festival de España.

Sigilo Nipples

lunes, 18 de octubre de 2010

Peter Hook: Joy Division 30 años después




El pasado 8 de octubre Peter Hook se presentaba en Valencia, en la sala Mirror, después de haber pasado por el FIB de este año para rendir su particular "homenaje" a Joy Division, centrado en el disco Unknow Pleasures del grupo de Manchester.


El concierto, programado a las 23.30 comenzó con 10 minutos de antelación, suficiente en mi opinión para reclamar la devolución del dinero de la entrada, teniendo en cuenta además que el concierto duraría tan sólo unos 50 minutos. Haciendo cálculos digamos que nos robaron aproximadamente 5 de los 25 euros que valía la entrada. Y eso por no hablar de los que llegaran con 10 minutos de retraso y que se perderían practicamente medio concierto.

Pasando directamente a lo que allí vimos cabe comentar varias cosas. Evidentemente y como muchos pensamos, más que un homenaje esta es una forma de sacar dinero en tiempos en los que la creatividad de la figura central del espectáculo dista mucho de lo que hiciera hace 30 años con Joy division. En mi opinión, además, es también una forma de dar a conocer a su nueva banda pensando en cuando acabe esta gira de homenaje, aprovechando la ocasion para tocar unos cuantos temas de esta, mucho más metaleros y anodinos de lo que cabía esperar de Peter Hook después de haber pasado por bandas como Joy division y New Order.


Por otro lado salir a tocar con una camiseta del Valencia CF, que quieres que te diga. Sé que algún amigo mío tarantuliano defendería esta actitud y filosofía de rock and gol a capa y espada pero sinceramente, y en mi opinión, ver a Peter Hook enfundado en esa camiseta, con todo lo que el Valencia representa, con Bancaja avalándolo tras años de una gestión lamentable y reflejo de la especulación inmobiliaria que durante años ha ejecutado el gobierno valenciano, no tiene perdón de Dios. Y más teniendo en cuenta su actitud a lo largo del concierto, mucho más postural y exagerada de lo necesario y más de vieja gloria que espolea a jóvenes que sólo necesitan una mueca de rock de estadio para ponerse a dar brincos como posesos. A ratos parecía que un Hooligan borracho que había venido a ver al Manchester se había subido al escenario. Triste homenaje si nos centramos en esta extraña imagen.





Y por último. La ausencia de Ian Curtis en el escenario,y la presencia por contra de un Peter Hook con claras limitaciones vocales y cuya manera de cantar dista mucho del lirísmo poético y oscuro que tanto sobrecogió al público de Joy división en los años 70 y que tanto nos ha emocionado a tantos otros desde entonces hacía casi imposible esperar gran cosa del evento recaudatorio.

Teniendo esto en cuenta, y habiéndome preparado para no echar de menos la figura espasmódica y sombría de Ian Curtis, asistí a ver que nos había preparado Peter Hook con la tonta devoción del que ama las canciones de Joy Divison y toda esa aura mística y trágica que rodeó al grupo y a su cantante durante sus años de vida.


El concierto, con un buen sonido, fluctuó entre las versiones normalitas, las versiones de las canciones que todo el mundo conoce aunque no conozca a Joy Division, y los temas de la banda de Peter Hook, Freebass, otro acto de humildad de un bajista crecidito y formada por músicos de confianza con los que lleva tocando veinte años, canciones que sólo servirían para compararlas a las del Unknow Pleasures y agradecer a Fortuna que en cierta ocasion hubiese decidido juntar a Ian Curtis, Bernard Sumner, Stephe Morris y al que en este día nos recordaba esa época, para ofrecernos música de verdad, de esa que te congela el corazón, y no de la que practica hoy en día el mismo Peter Hook.


De todas formas, y como he dicho, yo iba vendido, es lo que tiene adorar algo sin cordura, ofrecerse al gozo sin acritud, o aprovechar
la ocasion para creer como un demente que eso es lo más cerca que vas a estar nunca de una banda que ya no disfrutarás nunca en directo. Y es que así difruté yo el concierto, sobre todo en alguno de sus hits como Transmision, She´s lost control o la gran Love will tear us apart, a pesar de que en esas se echaba más de menos si cabe a Ian Curtis (también se le echaba de menos en canciones más densas y de candencias lentas como New Dawn Fades o Shadowplay).




Pero como digo, yo ya había hecho un despreciable pacto con mi parte más devota del conformismo, y así lo disruté, quedándome en el mismo sitio, sólo quedándonos a pasar el rato, tocando desde la distancia aquellas partículas que mínimamente me hacían trasladarme al mundo desesperado de fábricas y camas vacías de Joy divison, cada vez más alejado y más sumergido en las líneas de bajo tenebristas y demoledoras que creó Peter Hook en los años 70 y que esta vez se encargaba de tocar su hijo.

Aquí hago otro breve apunte crítico. Dice Peter Hook que no puede cantar y tocar el bajo a la vez. Sinceramente y después de cuarenta años que diga eso me parece una broma muy culta o por lo menos que yo no entiendo.En definitiva parece que quería estar más libre para mirar al público desafiante, acercarse a los monitores a que le tiraran fotos, o levantar el brazo como si William Wallace se hubiese apoderado de él y celebrase un gol de Ronney en la final de la Europe League.




Pero mientras él ejercía de frontman feliz en medio de un mar de melodías tristes, mientras felicitaba a su hijo con ternura, y mientras le miraba a los ojos y pensaba en lo que esos ojos habían visto y vivido, yo seguía agarrándome a las guitarras chirriantes y ensoñadoras que en su día compuso Bernard Sumner,me aferraba a las enormes baterías (la sonorización de ésta en algunas canciones me tranportó a una órbita diferente) y que en su día inventó Stephen Morris, igual de epilépitcas y enfermas que el Ian Curtis que todos conocemos por vídeos y documentales.Y como digo el resto daba igual, porque cuando la rutina aprieta y las ambiciones estan por los suelos Joy Division vuelven a sobrecogernos con sus canciones, aunque no estuviesen allí, y si esta vez sólo estaba Peter Hook para cantarlas, pues bueno, me conformo. Y porque yo también siento la cama fría, porque también he sentido la pérdida del respeto mutuo, por todo eso que cantó Ian y que junto con otros tres tíos nos lo dijo de una forma sobrecogedora y distinta a la que muchos han intentado imitar desde entonces y que nunca ha llegado a la altura de lo que el cuarteto de Manchester hizo hace tiempo, por eso, y porque el amor nos destrozará otra vez, disfruté.

Sigilo Nipples
Fotos: Neus Olmos

jueves, 19 de agosto de 2010

OSTIAS POR BULERÍAS un breve paseo por el sonorama de la mano de Mr.Pèrfumme


Vale, vale. Que es raro. A la mierda. Más raro es el amor. Y sus cosas. Hagamos un resumen. Por empezar por algún sitio.

CAPÍTULO PRIMERO

( De cómo el animal cae en la trampa de la madriguera)

Uno siempre ha sido más castillo de líria que vid de buen paladar, es decir, que no es precisamente ducho ni admirador del tipo de grupos con flequillo que tocan en el inefable festival toledano. Aunque tenga sus simpatías y fanfarronée de sus fobias, siempre más elocuentes para el gran público. Igualmente, y sin especulaciones, resulta que, de repente, estoy escuchando anonadado un podcast sobre la historia de la ufología en un coche que huele a nuevo y que se dirige a toda mecha hacia la cita más jovial y piscinera del verano popero patrio. Equilicuá: SONORAMA. Ustedes ya saben. Y no dejo de pensar en el Área 51. Y tengo un poco de miedo.

VIERNES 13

El jueves hubo cosas. El jueves tocó Loquillo. Y yo adoro a Loquillo. El jueves tocó Pony Bravo. Y yo adoro a Pony Bravo. El jueves yo estaba borracho en Valencia, y no había mirado el horario del festival. Perdona Loquillo. Ya seremos los mejores.

(....)

El viernes hubo un ciclón. un ciclón enorme y cobarde de esos que te intentan robar la borrachera como vulgares ladrones de feria. Nosotros fuimos más fuertes.

Nuestro coche que huele a nuevo llega a eso de las seis a la tierra del cordero. Por la mañana había programación en la plaza del pueblo: Nixon y Klaus and Kinski entre otros. Yo pienso: Oh, no importa, mañana por la mañana sí que veré conciertos. Mañana por la mañana descubriré las bodegas, en realidad.

Vale, nuestra tienda de campaña probablemente aparecerá mañana encima de un árbol gracias al Katrina patrio. Bueno, tenemos vino. El vino es importante aquí.

Acudimos al recinto, colamos una botella de vino. ATENCIÓN AMIGOS: si queréis colar botellas en recintos de festivales patrocinados por cervezas teócratas, siempre funciona el mismo truco: espalda. Espalda o parte trasera del camal de los pantalones. Por algún parapsicológico motivo un segurata nunca te mira la espalda. Será para no verte el culo.

La programación de tarde para nosotros comienza a eso de las nueve y media: THE PAINS OF BEING PURE AT HEART. Pochismo elegante y superfluo olvidado en cuanto se acaba la botella de vino. Chachi. De ahí decidimos cambiar de escenario para ir a ver a STANDSTILL. Sinceramente, una de las bandas por las que más afinidad sentía del cartel. Empiezan bien, uno espera ese tipo de cosas, ya saben, intensidad, cambios de ritmo, algun empacho de sensibilidad de los que un poquito gustan. Todos somos un poco cursis y todo eso. Ya, lo que pasa es que lo peor que le puede pasar a un grupo así es acabar decorándose a sí mismo y empachándose de uno mismo. Al final acaba sonando a niño gordo y pesado. Y a bucle mal entendido.

Nuevo cambio de escenario. Yo nunca había visto a THE SOUNDS, vaya sorpresón. Son diréctamente una mierda. Lo siento. La sensación era estar viendo a Guano Apes con una sobredosis de azucar en el skate park del Gulliver. Que ya es decir.
Casi a las doce empiezan NUDOZURDO. Eso sí. Primera propuesta del día con más intención que ser un éxito de Los 40 pasado por Radio3. Ustedes me perdonarán, pero a uno a veces le cuesta discernir las diferencias entre las propuestas de ambas radios si quitamos el sampler ochentero supliendo al moderno toque latino. Nudozurdo nos ofrecen una escapatoria a lo obvio y un repertorio que oscila entre el ruido y la melodía alejándose a cada nota de convencionalismos y lugares comunes. Bravo, pues. Te gustarán más o menos, pero te gustan y te callas.

Llegan ellos, los más molones, la repanocha del indie, llegan LOS PLANETAS, pero primero descubrimos que por debajo de las barras de la bebida, y sin necesidad de pasar a comprar unos sonoritos ( la diabólica moneda oficial del festival), se pueden robar botellas de vinito del Duero. Ahora, sí. A mi me gustan las organizaciones así. Las que dejan un espacio para la picaresca, algo, al final, muy típico de este país. Muy nuestro. Lástima que sea mi última gran idea. Va a ir en mi contra. Llegan los Planetas y llegan las sevillanas. Sí, ya sé. No son sevillanas. Sinceramente, teniendo en cuenta la mierda mayúscula de sonido, la habitual costumbre de Jota de cantar en arameo y el repertorio de bulerías lisérgicas, se hace bastante cuesta arriba digerir el repertorio más cantado del festival ni cuando al final deciden desgranar unos cuantos hits. Pero claro, a esas alturas yo estoy más borracho que un camión dorado, así que no me hagan mucho caso. Por cierto, a mi los Planetas me gustan. Tienen un queseyó.

SÁBADO 14

Dormir es de cobardes. Nos vamos a ver los conciertos mañaneros. A la mierda la resaca. Quiero ver a JOAQUIN PASCUAL y a FERNANDO ALFARO por que me gusta mucho imaginar que son enemigos y que se odian o algo así. Pero, OYE PERFUMME, tenéis que ver las bodegas. En las bodegas dan vino gratis. Y dan chistorra gratis. Y dan morcilla gratis. Vamos a las bodegas. Eso es muy de aquí. Se lo debemos al pueblo. Se lo debemos a nuestros anfitriones. Somos gente educada.

( ....)

Resulta que hay una piscina pública ¿está muy fuerte? ¿fuerte en qué sentido? ¿ no se supone que nos podemos morir? quiero decir ¿ no nos podemos morir si nos tiramos al agua? pues NO claro que NO ¿y la bodega? ¿que bodega? resulta que hay una piscina. una piscina pública. YO A TI TE CONOZCO. YO A TI TE CONOZCO DE UN AFTER CON UN MELÓN. valevalevale. ya me acuerdo. EL MELÓN. ¿ y los conciertos? ¿ los de la mañana o los de la tarde? ROMPISTE UN MELÓN CON LA CABEZA Y LUEGO TE LO QUERÍAS LLEVAR Y EL MELÓN NO ES TUYO. necesito un móvil para que me recojan. Sólo por si acaso. llamo.

( .... )

A mi me encantan LOS PUNSETES. Llego tarde. Y, otra cosa, yo odio a MAGA. Los odio mucho. Así que intento robar un kebap. Y como no lo consigo, me voy a comprar más alcohol con los sonoritos que me ha pasado bajo manga un miembro de Radar que, por razones obvias, quedará en el enonimato. Lo compro. Lo bebo. Me voy a ver si es verdad que la NASA a descongeado a BRETT ANDERSON. Pues no. Sigue congelado. Hay que ser muy fan de Suede para aguantar a la calavera derritiéndose en un escenario.

Me da igual. Yo soy uno de esos hombres que cree en las cosas buenas. Un hombre de esperanzas. me voy a ver a SIDONIE . Y la verdad es que yo nunce he sido un fa fa fa fan de los ingleses más ingleses fuera de Nueva Inglaterra. Craso error. Para mi uno de los mejores conciertos del festival. Enérgicos, rockeros, melódicos, y todo ello, por fín, en las dosis justas. Sin chorrear, con actitud y con una molonidad sana de exdrogatas experimentados. Concierto de la noche. Que corra el vino.
Con LORI MEYERS supongo que lo que pasa es que te tienen que gustar. A mi no me gustan, pero nada que objetar. Podría ser peor. podrían ser Love of Lesbian. Nada que objetar, nada que elogiar. Aún así me como el concierto entero aún a riesgo de que me acaben gustando y tener que justificarme ante el resto de la redacción. No ocurre.

En los conciertos de THE ETTES y de THE RAVEONETTES estoy demasiado ocupado enborrachándome y haciendo maldades. No sé ni que pinta tienen. Y para acabar mi paseo triunfal, me pierdo a LOS CORONAS que, de verdad de la buena, eran los que yo quería ver.

Y todo esto me lleva a varias reflexiones. Por la mañana un perro me ha ladrado mucho y no alcanzo a comprender si tiene o no tiene razón. Vuelvo con las tres camisetas que me había traído perfectamente limpias y sin sacar de la maleta. Supongo que es un trato justo teniendo en cuenta que la que he llevado puesta todo el fin de semana es carne de pira funeraria. La quemaré, que carajo. Por el melón. Y por la piscina. Por todos nosotros.
MR.PÈRFUMME

miércoles, 18 de agosto de 2010

On the sea. Buena música y energías extrañas frente al mar

Es difícil explicar en una crónica lo que ha pasado en un festival en el que sólo pensabas en bailar como un loco, espídico y epiléptico, como un pez extraído de su hábitat natural, el líquido aburrimiento. Es difícil a su vez no pensar en acabar así frente al punk alegremente veraniego de Los plátanos, la clase rockera de Le jonathan reilly, el punk y la despreciable actitud de cabrón borracho del líder de The fall, la electrónica molona y bailona de Trans am, el hipnótico rock postoperatorio de Moon duo, y el punkrock de grasa y aceite quemado de Wau y los arrrghs. Joder, me dicen hace unos meses que iban a montar un festival con ese cartel en Valencia por veinte euros y me apuesto a mi chica a que no se hace. Gracias a dios que no me lo dijeron. Y gracias a dios que no tengo chica.

Pero a la dificultad que me he encontrado para escribir esta crónica se suma el problema de escribirla atendiendo a las extrañas energías que lo envolvieron. Y no sé si tuvo algo que ver que el lugar en el que se llevó a cabo el festival, la playa Glea, en Dehesa de Campoamor, Orihuela. Para que se hagan una idea es como el paraíso para aquellos guiris que no encontraron hotel en Benicassim y que visto lo visto decidieron comprarse un chalet prefabricado en este lugar. Y lo cierto es que esas energías extrañas, que al principio pensé que serían cuestión de no haber ingerido suficiente alcohol, continuaron durante los primeros conciertos que vi.

Tal vez que en el concierto de Los plátanos hubiese como mucho 15 personas (tal vez exagero) complicaba sentir esas otras energías positivas que ya estaba empezando a echar de menos. Y es que su concierto fue como un cigarro que se consume en el cenicero mientras te bebes el cubata. Una pena.

Luego tocaron Le Jonathan reilly. Y con luego quiero decir, cuarenta minutos después. En ese momento me enteré de que después de cada concierto nos esperaban unos cuarenta minutos de dj´s para amenizar la noche y alargar la jornada de conciertos hasta las 7 de la mañana. Sinceramente prefiero la antigua fórmula de conciertos y luego dj´s, opción que te posibilita ver los conciertos, si es lo que te interesa, y o bien marcharte después de los directos o bien ingerir todo lo que encuentres a tu paso durante las sesiones de los pincha discos. De todas formas, Le jonathan reilly, apoyados por el sol que comenzaba a esconderse y a perfilar la silueta del escenario y de los músicos sobre el horizonte, comenzaron a dar al festival ciertos aires de grandeza. Sin embargo el concierto se vio interrumpido en numerosas ocasiones debido a algunas complicaciones técnicas, tal vez debidas a esas energías extrañas que les comentaba antes. Una pena porque su concierto fue poco fluido y las 50 personas que estábamos viéndolo (tal vez exagero de nuevo) no conseguimos entrar del todo en el rollito que tiene la buena música que lleva practicando este grupo desde hace tiempo.

Luego llegó The fall. Este año en el Primavera sound decidí no verlos y me acerqué a ver a Guadalupe Plata, grupo que os recomiendo. Y según me comentaron acerté. La verdad es que ya había visto antes a The fall y sinceramente no me apetecía verle la cara a Mark E Smith. Ese hombre si que es una energía extraña. Demasiado sobrado para mi gusto, aunque en ocasiones pienso que esa actitud de viejo macarra asqueroso es la única cualidad que tiene sentido en el rock, y sobre todo en The fall. En el On the sea pudimos verle de cerca de él y a su banda, que actualmente la forman Elena Poulou Smith (esposa de Mark E. Smith) en los teclados y voz, Dave Eagle Spurr en el bajo, el guitarrista Peter Greenway, y Keiron Melling en la batería. El concierto me gustó más que cuando he tenido ocasión de verles en un escenario grande. Aún así no pasaría nada si Smith decidiese no volver a tocar en directo nunca más. Sinceramente creo que son un grupo mucho mejor en disco que en directo. Y si no escuchen Grotesque (After The Gramme) (Rough Trade, 1980), Hex Enduction Hour (Kamera, 1982), The Wonderful and Frightening World of The Fall (Beggars Banquet 1984) o This nation´s saving grace (Beggars Banquet 1985). Discazos todos ellos. (pinchen para descarga)

Luego llegaron Moon Duo. Y las energías extrañas dieron paso a unas energías astrales y marinas tremendamente poderosas. Su música hipnótica hizo que todo el público que andábamos por allí comenzásemos a bailar en el espacio sideral como ballenas puestas de ketamina. Grande Rippley Johnson (de Wooden Shjips) y sus melodías enfermizas y trascendentes. El krautrock, el trance y la psicodelia hicieron que mi cabeza se elevase sobre la playa de la Glea, y eso que en directo, y personalmente, creo que tampoco son gran cosa. Pero su música es tremenda, como un gran barco fantasma navegando a la deriva por un mar enfermo. Para dejarse llevar y no volver nunca.

Con Trans am empecé a volverme loco. Quien no baile con estos tíos no bailará nunca. Quién no conozca a estos tíos no conoce a uno de los mejores grupos de rock electrónico del mundo. Y eso que el concierto tampoco fue de 10. Pero da igual. El recinto ya estaba bastante lleno, y cuando tocaron Positive People creo que en la cabeza de todo el mundo solo cabía la posibilidad de abandonarse al baile como posesos.


Aquí os dejo lo que pude capturar con mi cámara. Grandes Trans am

Y por último llegaron Wau y los arrrghs. Curioso que tocasen los últimos. Tal vez habría tenido más sentido que cerrasen el festival The fall o Trans am, artistas internacionales consagrados, pero parece que los organizadores pretendieron cambiar un poco el juego y empezar con la música, digamos, más culta, y terminar con la más bizarra. No sé si habría sido mejor que estos enfermos del garaje y el punk rock hubiesen caldeado el ambiente mucho antes. Con ellos la cosa esta clara. Desparramar como unos desequilibrados, demoler estaciones, y recordarnos que las bandas que tocan como dementes entregados al rock & roll consiguen convertirse en héroes y consiguen que nos creamos lo que hacen. Grandes los “Wau” para terminar, uno de los mejores grupos españoles y no siempre reconocido este hecho. Es lo que tiene ser unos guarros maravillosos


Disfruten con Juanito Wau y el resto de Arrrghs




Y con esto terminaba el festival. Un festival que en su primera edición nos deja con varias dudas. Entre otras ¿Se convertirá este festival en una especie de FIB que vivirá más del exceso económico de los guiris que de su cartel o se mantendrá como una propuesta de una calidad musical indiscutible? ¿Mantendrán sus organizadores el nivel del cartel de este año? ¿Seguirán apostando por precios razonables? ¿No sería mejor hacer este festival, con este tipo de grupos, en un espacio más atractivo? (Veáse el rollito que tienen los conciertos en una sala como la del Funtastic Drácula Carnival) Estas y otras muchas preguntas se quedarán de momento sin respuesta. Pero sin lugar a dudas los promotores de este festival, más allá de la asistencia de público en los primeros conciertos o de otros temas relacionados con la organización del evento, ha demostrado tener muy buen gusto. Han traído a algunos de los mejores grupos de valencia y a un grupo como Trans Am, que bien podría estar tocando todos los años en un festival contrastado y extremadamente moderno como el Primavera Sound. De momento gracias al On the sea hemos podido verlos aquí en Valencia, incluso bañarnos con ellos por la mañana en la playa mientras el batería le tiraba cacho a una amiga mía. Porque eso es lo bonito de los festivales de este tipo, con energías extrañas o sin ellas, y algo que sería imposible en otros macrofestivales. Disfrutas con la música y te enrollas con los músicos. Que viva el rock.

Sigilo Nipples

martes, 6 de julio de 2010

Crónicas del Azkena Rock 2010: Resumen

A continuación les dejo un breve resumen, bastante sesgado y completamente subjetivo, de los conciertos que vi en el Azkena Rock 2010 y sobre aquellos grupos que por un motivo u otro han permanecido en mi retina. Hay algunos grupos que no aparecen, o porque no los recuerdo o porque no los vi. Intenten ustedes recordar todo lo que ocurre en un apocalipsis festivo y sonoro. Seguramente no puedan. Seguramente sólo recuerden las llamas, el ruido y a aquella chica de la primera fila. O sea que haré lo que pueda.

JUEVES

The Jim Jones Reveu.- Más flojos de lo que esperaba. Imaginaba más fuerza y más rock pasado de vuelta. Todo se quedó en la intención. Tal vez el horario jugó en contra. Nos quedamos con ganas de saber que habría pasado si hubiesen tocado de noche con el público más caldeado.

Kitty Daisy & Lewis.- La familia Durham hizo que empezáramos a mover el culo. Baterías de bombo y caja, ritmos blues, jazz... y rock de fumar en el porche del rancho. Mucho boogie. Me sobró el viejete negro de la trompeta que convirtió el concierto en una especie de encuentro-jam reggae e incluso ska.

Airbourne.- Una copia de AC/DC. Aún así una buena copia. Lo mejor su escenografía: unos 50 amplificadores puestos en forma de muro a ambos lados de la batería. Daría un brazo por conectar Dick Dale a toda hostia por esa pila de amplis.

The blacklips.- En su línea. De los mejores grupos modernillos que he visto (los he visto un par de veces este año). Tocan bien y le ponen ganas. Bailé. Aunque también es cierto que a esas alturas del festival bailaba hasta en las letrinas.

VIERNES

Imelda May.- Digamos que el rockabilly que practica la irlandesa es de estudio y recuerda a Billie Holiday, salvando las distancias. Gran banda al servicio de su voz y un vestuario y un maquillaje estudiadísimos. Parecía salida de una película de los 50. El concierto me gustó aunque le faltó naturalidad. Aún así si la chica me pide que la lleve a Texas en bicicleta seguramente lo haga.

The Saints.- Me faltó algo. Y no me preguntéis el qué porque me pasé todo el concierto pensándolo e intentando reconocer las canciones. ¿Más actitud? Tal vez habría bastado con que Chris Bailey no hubiese salido con unos pantalones de raso de pijama y una camiseta de ir por casa. Démosle estilo al rock viejo.

Slash.- Me aburrí. Me perdí. Desde la lejanía pensé que ya había terminado. Vi el gorro de Slash y desde la distancia oí alguno de sus solos. Suficiente. Más que suficiente.

The Damned.- Punto de inflexión en el festival. Empezaba lo duro. Empezaba lo bueno. Rock macarra y actitud perfecta. Son muchos años ya, y estos no han parado de tocar y siguen sacando discos. El último So, Who´s Paranoid? en el 2008.




Los Damned hacían que algo en nuestro estómago empezara a palpitar y a regurgitar sustancias. Rock!

Kiss.- Dioses absolutos del rock y de lo hortera, pero de lo hortera molón, entiéndanme. Los incendios molan. Y Kiss provocaron la mayor explosión rockera que he visto nunca. Con la boca abierta y la sonrisa en la cara desde que salieron. Creo que fueron las dos únicas horas de todo el festival en las que no pensé en beber, en fumar, o en... bueno, ya me entienden. Absolutamente exagerados, maravillosamente orquestados, espectáculo puro. Plataformas con cañones de humo que se elevan, llamaradas y cohetes, tirolinas, sangre (de mentira), vuelos, toneladas de confeti, lluvia de fuego, rotura de guitarras. Si pueden verlos háganlo. Aunque a ustedes lo que les guste sea bailar samba o masticar regaliz con tabaco en los solares del barrio chino. Alucinantes.

Aquí os dejo lo que pude grabar con mi cámara:


Kiss Rock&Roll all night Final de concierto!

SÁBADO

Robert Gordon.- Quien no conozca su canción Rocabilly Boogie no será feliz nunca. Aquí os la dejo. Y que bailéis felices.



Bailé esta canción como un loco. Sin haber dormido ni comido en tres días, con el sol dándome en la cara como un mazo de fuego. Y fue la bomba. Y a lo hecho techo.

Bob Dylan.- Un mito de la música. Un icono de la historia del rock. Un agitador social y un profeta del cambio. Un defensor de la paz en tiempos de guerra. Un personaje que lleva 50 años dedicándose a la música, y va, y de repente, cuando apenas llevaba cuatro canciones, me da un apretón. Mucho tiempo sin dormir y sólo echándome al estómago migajas de maldad. Lo siento Bob.

Chris Isaak.- Comenzó a llover. Comencé a volar. Perdí la conciencia pero en el fondo de todo, tras esa nebulosa mágica, estaba él. Gran vestuario. Gran banda. Gran voz. Si este tío me cantara una canción al oído intentaría darle un beso, o por lo menos le haría el amor.

The Hives.- No he visto un solo concierto de The Hives que no me haya gustado. Son como la selección alemana de fútbol en Sudáfrica. Un rodillo perfecto. Potencia, actitud y punk rock del bueno, del que llevan haciendo toda la vida. Y del que siguen haciendo mejor que muchos grupos de ahora. El guitarra Nicholaus Arson es la bomba. Epilépticos.

Bad Religion.- Aunque fui fan hace ya muchos años no fui capaz de bailar una sola de sus canciones. Me aburrí. Y lo peor es que me hicieron sentir raro. Todo un viaje regresivo y sin contemplaciones a otra época. Como cuando como canelones de mi abuela.

Y esto es todo. El resumen podría haber sido mejor. Y podría haber visto más conciertos. Pero también es cierto que ahora mismo vosotros podríais estar abrazados a alguien, o ganando dinero.

Y no es así.

Sigilo Nipples

viernes, 2 de julio de 2010

Crónicas del Azkena Rock 2010: LA FAMILIA Y EL ROCK

El sol gopea nuestras cabezas como un martillo ardiendo. El ímpetu y las ansias por bailar y excederse llevan varios días inyectándonos nervios. Entramos al recinto Mendizabala, todo acaba de comenzar, y para que engañarnos, en lo único que pensamos es en mover el culo sin parar, en tocar el cielo de la atrocidad y en perder cien años bajo la aplastante lógica de "las cosas que pasan factura".

Entonces salen a tocar.


Un vídeo para quién no los conozca

Kitty Daisy & Lewis es un grupo de Inglaterra. Formado por tres hermanos, los que dan nombre al grupo, y a los que acompañan su padre Graeme Durham a la guitarra rítmica, y su madre, Ingrid Weiss, al contrabajo. Parecen una familia surgida de cualquier película de John Waters, aunque bastante más descafeinada. Los tres niños Durham van intercambiándose los instrumentos que se reparten por el escenario, ahora un acordeón, ahora un banjo, un ukelele, un xilófono, la batería, el piano... El padre permanece al fondo, sentado, tocando la guitarra y observando a su familia. No llama la atención, de eso se encarga su mujer Graeme, que tocaba la batería en un grupo punk de finales de los 70, The Raincoats (he encontrado dos discos por si os interesan, curiosos sin duda).



http://www.megaupload.com/?d=54nt245r


http://www.megaupload.com/?d=KTT9C2GW


Y hace rato que no bailo. Pienso en las familias.

No sé si recuerdan que comenzaba esta crónica diciendo que sólo pensaba en mover el culo y abrazarme al desparrame como un ciervo puesto de psicotrópicos en los bosques de Avatar. Pero de repente me encuentro en un festival de rock pensando en algo como la familia, un festival de rock, un lugar en el que no suelo pensar en nada, sinceramente, más bien lo contrario, un lugar donde normalmente me abandono al gozo y al baile, al exceso y al rodillo del "más es mejor".

Pero ahí está golpeándome de nuevo esa maldita palabra cristiana mientras Kitty y Daisy vuelven a intercambiarse los papeles, la batería cambia de manos (por cierto la batería con el bombo más grande que he visto nunca) y Lewis comienza a tocar los primeros compases de "Going up the countrie", una canción de su único disco hasta la fecha Kitty Daisy & Lewis (Sunday Best, 2008), y una de esas canciones que te obliga a dar palmas y a mover los pies como un poseso idiota.

Y yo en cambio pienso. Pienso en el rock y en las familias. Y pienso en esos tres hermanos que se criaron bajo los acordes de Louis Amstrong, o tarareando las canciones de Muddy Waters y Jonhy Cash. E imagino a tres niños jugando con esos juguetes de formas extrañas y que emiten sonido que se reparten por la casa: banjos, trombones, baterías, guitarras... No resulta extraño imaginarse entonces a Kitty Daisy y Lewis siendo ya unos adolescentes, pidiéndoles a sus padres que les acompañasen con su grupo de giras, conciertos, carreteras, camerinos. Resulta difícil para alguien como yo imaginarme en un camerino con mi padre. Soy más de los que creen que los camerinos son la antesala del infierno, un agujero en el que los tópicos del rock se machacan y se esnifan. Y sin embargo me gusta lo que veo. Me gusta ese retrato de familia, esa foto sobre el escenario. Una familia unida por la música, por la buena música, y recordándome que la distancia entre generaciones muchas veces se rompe gracias a esta.

Finalmente sube al escenario un viejo amigo de la familia, un jamaicano que no sé quien es y que toca la trompeta. El concierto se vuelve cada vez más reagea, incluso ska. Hubiese preferido que siguiesen tocando sus canciones, más rock, más blues, pero en fin, tocó joderse. Su concierto fue bueno, tal vez les faltó más complicidad del público, pero bueno, aquello acababa de empezar.

Me fui de allí pensando en la familia Durham. Pensando en mi familia. Luego decidí dejar de pensar. El viernes tocaba Kiss y lo mejor era seguir su consejo: Rock & Roll toda la noche y fiesta todos los días.

Y ya pensaría en mi familia en otro momento.

Sigilo Nipples

Próximamente más crónicas de nuestro reportero sobre el Azkena Rock 2010!